Me gustan las cicatrices, me gusta mostrar el camino de lo largo de la vida, cada una lleva una historia, no porque sea valiente, sino porque navego a través del miedo como el ser humano que soy. Las rutas que recorro no le deben nada al destino, lo mío es una construcción diaria de cambios y de transformar la palabra. Me encuentro marchito y la herida representa la prueba de que resisto a aquello a lo que me aferro: la existencia.