Perpetuo el decir de esa parte de mi que no querias escuchar. Sin tiempo y sin fronteras el pecho sube y baja en el sueño anomalo. Sin palabra se agitan las manos, un ir y venir entre el insomnio mezquino y el sofoco de ir tapada hasta las orejas.
El proceso le llaman a la serie de procedimientos detallados desde la compra de un objeto rosaceo que esta muriendo y que alguna vez tus antepasados te contaron que las chicas gustaban de ponerselo en el pelo hasta el aviso en el divan de un consejero, tenga el nombre que tenga. Siempre finaliza en el bar y en el changarro donde sacan copias.
No pienso en voz alta, la asiduidad perjudica otras voces. En voz bajita las manos van repitiendo lo que ya no creen.
En la carreta tira mis restos, quitalos como el soldado aquel de la pelicula que no entiende al profe crucificado, que mas que religioso es occidental, que mas que prisionero fue ciudadano de un pais con un ejercito mas poderoso, aunque no lo entiendas enciende el fuego.
El azar lo llama el saltimbanqui que hace gracias fuera del teatro, el hambre lo llama el perro. No te vayas a perder las fiestas patronales, ve y finge que es difícil decir que no quieres mas problemas, dilemas, embustes, propuestas. El azar lo nombré, lo traduje al costumbrismo propio, que te rieras de lo denso y perpetuo que resulta decir tanto para quien no quiere oir.
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