Soy dueño del miedo al laberinto de tu boca,
a tus dos palabras dulces que me hormiguean por el cuerpo,
a ese ruido que le provocas a mi corazón humano
y a ese tímido silencio que entra cuando te veo.
Los sentimientos caen, como petalos,
como pajaritos de un nido,
como frutas maduras de un árbol
son esqueletos sin carne.
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