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las culebras miran a los ojos.

El chico entre sus talentos contaba poder hablar bien de personas que le eran no gratas y te admiraba porque eras osado, dueño de muchas virtudes como la honradez, la tolerancia y otras mas pasiones que no podias silenciar. Te conocio en circunstancias aburridas pero se prendo de ti con temor y prontitud. El suyo era un ardor que pretendía ignorado, dolorido, manso, eterno. El amor prohibido pinto sus sueños y solo del amor vaporoso escuche en su boca. Y quise ser asi de dichosa sin sospechar que ya se habia escrito en mi sino que me dejarás mal. Mi amigo se entusiasmo y me atrevo a decir que le anime a la conquista pero nego el sentimiento y la notoriedad de tu presencia. Partio lejos, dijo que estaba esperanzado en olvidar lo que no era conveniente seguir recordando. Cuando 
quiso contagiarse con tu risa lo frenaron la burla y la ironia del que llevaba dentro.
Yo monoteista, deprimida, legitimista, relicaria, hacia escapadas muy de vez en cuando con una grupa de te, y en una de esas te encontré. Siempre me dijiste que como queria enamorarme y el objeto de mis palabras y mis planes o osea mi amigo eataba en otra onda te habia mirado a ti y conformandome se habia establecido la perenne sociedad. Y nos comparaste a mi con frida uniceja (gaviota siempre presta al vuelo) y a ti con el ogro. nunca he sabido descibir la sacudida. Yo nunca he hablado bien de ti, es cierto para que mentir, yo nunca espere un milagro, ni una sociedad mas avanzada. Acaso te ame en menor medida pues ni te admiré ni padecí como el chico aquel. 
Cuando pienso en las miradas que mi amigo te lanzaba, claramente veo cuanto se sabe de la gente, de lo que tienen en el fondo, uno se convierte en un espejo cuando ama y no se da cuenta. Senti la misma compasión para la que se enamoro del seminarista de los ojos negros. Cuando pienso en las hilanderas que me llevaste a ver, en la montaña que señalaste, en las canciones en frances que te dedique y te dieron risa pienso que es negro el sino no porque no lo altera la lucha sino porque a veces puede verse. El mal no venía de ti, el mal no venía de las palabras que tanto te elevaban, porque recele de esa faz, porque era  todo oscuro. Mi amigo me animo a partir, con tierna envidia dibujo tu beso, con pueril deseo le conte que alumbras todo en mi. En fin que yo contaba dos amigos en ese entonces, el que te advirtió, te amenazó, me cuido y me sustrajo cuanto pudo de tu paso y el otro que nada fue capaz de decir, que te idolatro en silencio, que quiso ser depositario de mis dolores y lloró tambien tus aventuras y culpó a los demonios del amor de todo. 

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