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cartas a mis muertos

No hay abuela. No hay historias de 1940 o 1960 cuando mi mamá era niña. No hay historias antes de dormir para olvidar las putadas del día, historias de gente muerta en curcunstancias extrañas, de tradiciones familiares, de pleitos entre vecinos, de gente rubicunda que esta en fotos a blanco y negro, de esos que son familia pero nunca llegas a conocer porque viven en lugares impronunciables. No estan tus brazos cálidos para arroparme, no esta esa voz para acompañar mi oracion ni mis culpas. No hay abuela, no hay consciencia. No hay nonna que recuerde que el cambio es lo único constante, que la ciudad no tenía mas que granjas con bardas de adobe y ventanales altísimos, nada que ver con el minimalismo se ha apoderado de todas las fachadas. No hay nadie que pregunté que es lo que mas me gusta de la ciudad ni porqué. La casa que fue de maria es el único hogar que he tenido, el unico donde ha brillado la estrella matutina. La única cueva donde el peligro no podia llegar. En los dichos de mi abuela estaba toda la sabiduria que se me ha negado. En los cirios de su cuarto todas las plegarias que yo ya no dejó en la urna de caredral. Estoy tan lejos del lugar que definió para mi la belleza, la soledad, la maternidad, el delirio, el futuro, el lugar que mitigo el hambre. Estoy terca, con un cuerpo lleno de grietas y grasas, estoy volando en circulos y me atrae el pantano. 
No hay abuela no hay más raíz y fuera de ese principio solo hay hambre, frío y estupidez humana.
No hay abuela ni habitación con pensamientos santos, repleta de muebles de la post guerra color bellota. No hay colchonetas ni almohada de lana que te torture pensando que te va a pasar lo del almohadon de plumas. No hay nadie que te cuente que la jubilacion es una trampa. Nadie que crea en la decencia de los obispos y los fisgones del frente. 
No hay abuela. Los lazos de la comprensión se han roto porque te has de ver hermosa con alas y no puedo recrearte más que en la bondad incorporea. 
No hay abuela y la ruta quien sabe a donde va.

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