Debieras mandarme las cartas de cada migrante que has conocido, sus historias tambien son las tuyas. (No las quiero para enamorarme eso ya paso). Te espero aunque pasaron veinte meses desde nuestros desabridos besos. Les enterraste en algun jardin soleado.
El caso es que un dia estas sentada en la última banca en catedral. Te ofrecen servicios como en cualquier autobus y se oye la algarabia de un hombre que ofrece el cielo para los que reconozcan que seguir el evangelio es el camino. Un dia quieres perderme de vista y otro dia me encuentras en los edictos, en los anuarios de hojas amarillas, en el obituario y me vuelves a enterrar en una cajita con molduras elegantes, espero no sea verde.
Debieras mandarme mas cartas, una que contenga un procedimiento para hacer transplantes, otra donde la viuda del rapero colombiano activista que mataron nos cuente como fueron sus últimos dias, otra en la que el sueño huela a campo y libertad, otra que sea tan pequeña que pueda llevar junto al corazón, en las bolsas estas que tiene mi uniforme camisero.
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