Fue tecnicamente un empate, él no queria una chica sufrida y yo queria hacerme a la idea de que la vida es un espectáculo que continua, día a día sigue su rumbo. De inmediato actuamos como si esa relacion fallida fuera parte del pasado. El siempre sonreia al enemigo y yo me encogia de hombros cuando pensaba que era mala suerte que para llegar a su salon tomará el pasillo del mio y en esa travesía se besara con media docena de adolescentes. Todos los lunes me encogia de hombros pensando que ser sinceros respecto de nuestros sentimientos nos convertía en poco menos que extraterrestres. Era un empate aunque no era justo, el aire me traia su olor a locion de lima y bergamota, a cabello limpio, su olor a campo, a resaca, a turnos con extratiempo, a hombria repartida en amigas, colegas, otros enemigos como yo, a familia con la que nunca te pones de acuerdo. Para él, el aire del pasillo solo le dejaba recuerdos de escotes, eran agradables pero faciles de borrar. -no, no hicimos mal en dejarlo...