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a Nana

Me despido de la rutina infantiloide de dejarte después de las clases en la Agustín Melgar, a los bichos como yo nos obsesiona la diversidad. Me despido de tu entrepierna y el calor de tus labios rosas, ¿Te dejé algún concepto de amor en la cabeza? Me despido del desplante y de tus celos. 

Me despido de las madrugadas tranquilas, de la fauna social con apellidos árabes, del mediodía para ver tatuajes, diseños de deportivos, platicar con la seño de los chiles rellenos y aceitosos, !Qué buenos estaban¡

Luciérnaga me despido de tu cuello, de los poros en tu nariz, de tu alma oscura, me despido de esas sábanas y eso es lo mas difícil, eso fue lo que no vi venir. 

Cuando le hablé a mi mamá de ti, no mencionó las etiquetas que estaban a simple vista, pero aún así me dejó pensando ¿Dónde estará el limite del sexto sentido? si acaso es inclinación a arriesgarlo todo porque si mañana me muero no quiero arrepentirme de cosas que sí están en mis manos, si acaso es el terrorismo que nos delata adolescentes, mi madre, una mujer educada en la obediencia, me educó para servirme primero yo y tú eras tan inocente Nana que dudo que aún hoy puedas ver a la gente solo como medio de producción de PIB como los economistas nos ven. 

Me despido del tango, ¿Tienes idea de lo difícil que es convencer al maldito custodio Skinny Lamebotas que los discos son solo para oírlos no para hacer negocio ni llevar ni traer chismes?

Me despido del conserje que guardo el Ford en mi cochera, si tienes un departamento de lujo te recomiendo que les des buena propina, en promedio son jarochos o poblanos con seis o mas chavitos, que se levantan dos o tres horas antes que tú, se ponen su saco de tela brillante y todo el día saludan, se agitan, se esconden para fumar, se quieren juntar pal partido de fut pero el mero día se vuelven a casa sin explicar nada a los compañeros. Deja tiempo para todo ser prófugo, también para acostumbrarte que todo es una despedida.  



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