En las relaciones de pareja heterosexuales, observamos una suma de presuntas verdades dentro de una burbuja de imágenes idealizadas que, dominadas por una tiranía de mitos, nos señalan los procedimientos para encontrar las bases del amor y también, definen las conductas sobre los cuerpos y los pensamientos que deben regir nuestros supuestos destinos. Decía Simone de Beuvoir
El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres
esta situación se encuentra en las limitaciones y la dignidad, que existen en la violencia de género, misma que desfavorece fuertemente a la mujer. Al menos en occidente, casi todos nacemos con esta configuración de la sociedad, donde imperan las ficciones como las que declaman que "el amor supera cualquier problema" o que "todos estamos destinados con alguien". Estas falacias toman un control sobre las voluntades de las personas a definición de lo que es el amor, pero aquí la balanza como mencionaba antes, perjudica más al género femenino.

Creemos que los derechos humanos (que iniciaron apenas hace menos de un siglo), nos dan más libertades universales como individuos sin importar el género y nos posicionan en un buen nivel y con "buenos privilegios", sin embargo, este mismo sofisma se encuentra patente en el imaginario colectivo que invisibiliza de muchas maneras los verdaderos orígenes y problemas en los asuntos actuales.
Glick y Fiske, describen un concepto que atañe algunas de estas causas, el sexismo ambivalente, el cuál, a una interpretación dicotómica, lo dividen en sexismo hostil y el seximo benevolente. El primero, es el más "fácil" de reconocer, puesto que siempre intenta demostrar que la mujer es un ser débil y no apto para muchos trabajos donde solo los hombres pueden realizarlo, ergo, educan a la mujer hacía al ámbito reproductivo y doméstico y en muchos casos, hacen creer que pueden existir y vivir, a partir de la dependencia del hombre, dejando toda su autonomía de fuera. Por otro lado, también afecta a los hombres, desvinculando todas sus emociones porque estas, pueden ser consideradas como débiles, y formando así, una consciencia de competencia y control. Evidentemente, este se suele ver más negativo, por el hecho de que es un fuerte predictor de violencia para las mujeres.
El sexismo benevolente en cambio, es más complejo de identificar porque se esconde bajo una imagen positiva, es aquel donde el hombre debe mostrar una figura de caballerosidad, y tratar a la mujer con más delicadeza, la diferencia más útil se puede hallar en el ejemplo, cuando una persona que es amable, siempre tiene las acciones de un "caballero" en todas las situaciones sin importar el género, en cambio, un sexismo benevolente lo hace únicamente con la mujer, esto resulta muy atractivo para muchas mujeres aunque también, puede resultar peligroso, debido a que muchos hombres solo acuden con este recurso porque ven a la mujer como un ser frágil y menos capaz limitándola y en el peor de los casos, muchos hombres solo actúan así, para causar sus primeras impresiones. Para muchos esto podría aparentar ser muy exagerado, y algunos considerarán, que hacen faltan más "caballeros de armadura oxidada", no obstante, este pensamiento permite e influye, en justificar y tolerar sucesos de violencia, y como indiqué anteriormente, es importante separar la amabilidad con todas las personas, de lo que es el sexismo benevolente. Entendiendo esto y a modo de no tergiversar el contenido, quiero dejar en claro que, el hecho de que un hombre sea un caballero, no es necesariamente un acto de violencia per se, el problema del sexismo benevolente, se encuentra, en que las actitudes de un "caballero", la mayoría del tiempo se vinculan a aprendizajes donde se infravalora la visión hacía la mujer asumiendo su supuesto rol de "frágil" y en muchos casos, la misma mujer atiende a estas educaciones y las normaliza como situaciones totalmente favorables y románticas, que como mencioné anteriormente, justifica posteriormente condiciones de violencia.
El trabajo para aminorar estos dilemas y dejar que sigan siendo ignorados, tiene soluciones por ambos bandos, podemos reflexionar con certeza que, muy probablemente no seamos testigos del cambio que esto suponga, hemos subsistido con esta estructura más de 6 milenios, pero en poco tiempo (menos de un siglo) han despertado movimientos que han logrado algunas transformaciones, y como decía Eduardo Galeano, las utopías nos sirven para caminar , nunca llegamos al sol, pero aún así caminamos siempre hacía él. También debemos comprender primero que, los patriarcados los llevamos todos, y es un trabajo que no tiene un fin, a esta fuerza de creencias lo sujetan tantos factores biológicos, psíquicos y físicos, y no basta con entender el marco conceptual, sino que también llevarlos a la práctica con el día a día y formar una crítica propia de lo que sucede en nuestro entorno ayudándonos a nosotros mismos y a los otres.
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