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Désolé

En tu reino solitario, 
 tu mano fraguó mi pecho cuando se despidió de mí, 
 como me hubiera gustado no ser parte de tu breve eternidad, 
 te volvieron menos callada,
 desde que aprendiste a manejar una vida. 

Después de obedecer a mis latidos, 
 perseguí el camino que marcaba el vaho de tu cuerpo, 
 hasta que vi que a tus pies, 
 le sobraban mis besos. 

Un número infinito de nombres te describen, 
 Y todo lo que te pertenecía; 
 un nido olvidado que encierro dentro, 
 cuando mi objetivo estuvo en tu cuerpo vivo y la rebeldía en mis palabras;
 tu boca, un refugio de encuentros fugaces.

 


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