La primera vez que escuché Méditation from ThaÏs tuve una especie de reencuentro con aquello que solía expresar Rubén Darío en Azul, esa imitación a la natura que construye el artista cuyo componente lo llama obra, inquietan a toda mi claridad, y aunque debo de confesar que soy insustancial a la nostalgia, porque entre las cosas que he aprendido, cuanto más crecemos, continuamente nos espera un túnel más profundo. Siempre hay una imagen rebelándose en mí.
Sugiero un vínculo que esté sin condiciones, la sinceridad debería ser solamente un acto íntimo. Soy de los que hilan cada trama de la conversación, a veces, solo a veces no hay voces que respiren sobre mi corazón, y saber que alguna vez me vi atado a una promesa. Todos nuestros discursos tienen un tinte ideológico de poder, pero sigo aquí deteniendo el cañón con un dedo mientras soy un desastre, dispuesto a entregar lo poco que tengo.
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