El que escribe lo hace del presente hacia el pasado. Sabe que el futuro es amalgama entre agua y aire.
El que escribe también conoce la fuerza de los golpecitos de la realidad.
Reconoce la magia cuando esa realidad supera la expectativa y no puede ser indiferente, va y lo plasma, porque es bárbaro navegar en lo cotidiano sin una expresión del entendimiento propio.
El que escribe no sabe de límites, la duermevela, el frío en los huesos, la sed, la culpa sin castigo, el agotamiento del cuerpo, la pesadilla, el suplicio del olvido de otro. Deshumanizarse y luego caminar entre sus cenizas, eso y más le ha ocurrido.
El que escribe puede frustrarse con el silencio y no rompe con él, en el fondo sabe que es el más fiel compañero.
El que escribe encontrará la forma de contarte su derrota y que no le veas vencido, de impresionante aún con su sencillez, de revelarte que se pasa más tiempo en el pozo que en la cima pero sin asustarte. El que escribe podrá mentirte y a veces no se disculpara, es común mentirse también a sí mismo.
Quién escribe verá a otro con su sueño y a veces no sabrá nombrarlo.............
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